martes 11 de marzo de 2008

Una compañía impredecible (Cap. # 6)


La Plaza Venezuela desde tiempo atrás, se había convertido en el “nuevo y moderno” centro de Caracas. A esa hora de la tarde, el tumulto de buhoneros, perro-calenteros, vendedores rodantes de estuches para celulares, revendedores de entradas para los juegos de béisbol, indigentes, rateros, huele-pegas, rematadores de cd*s en plena autopista y cuanto perolito pudiese ser vendido por estas personas, conformaban una masa casi impenetrable bajo el calor del implacable sol tropical sobre el fondo de una perenne neblina de dióxido de carbono. Todo esto sucedía ante la mirada complaciente de las autoridades incompetentes que ejercían el control de la seguridad en la otrora llamada “Gran Caracas”
El seguimiento se había hecho algo infructuoso a través de los estacionamientos subterráneos del Estadium Universitario, y además sumamente peligroso en la parte del elevado que cruzaba la autopista, cada vez mas saturada de grandes masas de un humo negro-amarillento y bajo el influjo aterrador de las emisiones sulfurosas del río Guaire. Empecé a notar que el comisario Rausseo sudaba copiosamente y su respiración era claramente estertórea, lo cual me llevo a pensar que lo más probable era que se convirtiera en un estorbo, me voltee y le dije:

- Jefe, deje que continúe solo. Váyase a la estación y trate de averiguar si lo implantes de silicones fueron succionados con un aparato o si fueron extraídos estando la chica con vida. Yo lo llamo cuando averigüe mas de estas “locas”

Se despidió feliz con la certeza de que estaba haciendo algo importante y logro entrar en una de las inexpugnables estaciones del Metro, a esa hora abarrotadas de vendedores de cigarrillos detallados y de hombres-teléfonos-móviles que alquilaban sus servicios.
Logre continuar con el seguimiento de los sujetos amanerados hasta que penetraron por una de las rejas que delimitaban la Zona Rental. Esta vasta extensión de terreno en una época fue el centro de disputas territoriales entre la Universidad Central y la Alcaldía Mayor de Caracas para su explotación comercial, la cual habían dejado en un total abandono. Sin embargo esto no había evitado que se hicieran desarrollos urbanísticos a lo largo y ancho de sus terrenos, entre los cuales se encontraba el inconcluso Centro de Convenciones de Caracas y la 7ª línea del Metro, en una clara y descarada manipulación de las leyes donde el circo de concesiones fraudulentas y apresuradas negociaciones eran el pan de cada día en la Asamblea Legislativa.
En la entrada, otra serie de guardias armados saludaron a Santiago Luciferal con una reverencia y el extraño personaje penetro en el terreno con una solemne actitud esquivamente altiva. Ante tanta seguridad desplegada, no se me ocurrió otra idea sino tratar de introducirme por una de las tantas brechas que hacían los delincuentes y violadores que pululaban en la zona, en las rejas que daban hacia el río Guaire. Después de una exhaustiva búsqueda, y luego de ocultarme en los matorrales de varias patrullas de la policía, logre abrirme paso hacia los terrenos llenos de escombros y edificaciones a medio construir.
Rápidamente inicie la búsqueda de una escalera que me llevara a los sótanos del complejo arquitectónico, cuando entre la gran cantidad de tablones y equipos de construcción, me pareció escuchar un murmullo como si se hubiesen percatado de mi presencia y además quisieran llamar mi atención. Mire por todos lados buscando el sonido hasta que determine que procedía de la fosa de los ascensores. Me asome y vi con asombro que una mujer yacía amarrada en el fondo. Sin pensar en lo extraño de la situación, di un gran salto y caí a su lado, arrancándole con un zarpazo felino el tirro plateado que cubría su boca:

- Pero, ¿Qué coño hace usted aquí?

- Haciendo la cola para entrar en el cine, ¡GUEVON!

Logro hacerme sonreír con su actitud de humor harboiled. Era una mujer extremadamente hermosa, de ojos azules y un cabello pelirrojo que le caía como una suave cascada sobre sus anchos y redondos hombros. A pesar de que parecía tener varios días en ese sitio, su piel blanca estaba suave y tersa al tacto. Su cuerpo lucia unas proporciones vitruvianas increíblemente eróticas a través del vestido hecho jirones quizás por la caída desde una altura considerable.

- Relájese. – le dije adoptando mi clásica postura de hombre duro. Continué - ¿Cómo llego hasta aquí?

- Es una historia un poco larga y difícil de explicar. – dijo, al tiempo que mis ojos y mis manos no dejaban de admirar sus largas y rosadas piernas mientras le arrancaba los pedazos de tirro plomo de sus pantorrillas

- ¿Cuál es su nombre? – pregunte

- Rita Oropeza, ¿y tú?

Le di uno de mis nombres falsos, mientras observaba lo que parecía un anillo de compromiso.

- Me tiraron aquí hace 3 días porque descubrí un negocio fraudulento en el ministerio donde trabajo. Soy la asistente legal del ministro y por “azar” tuve acceso a unos papeles que comprometen a altos funcionarios relacionados con la compra de comida enlatada piche de Australia para ser distribuidas en los comedores populares del gobierno

- ¿Y por que no la mataron?

- Hice copia de todos los documentos y los guarde en una caja de seguridad. Al ver que no podían joderme me ofrecieron una participación pero no acepte.

- Que honesto de tu parte. – dije en tono risueño

- ¡Que carajo de honesto!, yo quería mas de lo convenido. Por eso decidieron tirarme en esta fosa para ver si me mataba con el impacto, suerte que caí en este colchón.
Observe con asombro que la mujer estaba sobre la mullida superficie, testigo quizás de muchas violaciones ante la falta de vigilancia del abandonado edificio.

- ¿Y su novio no la ha buscado? – dije con cierta suspicacia.

- ¡Ese pendejo es un cabron!, de lo único que esta pendiente es de su camioneta de 100 millones y de bajar a La Guaira a broncearse.

Ante tanta sinceridad, no había notado que mis manos estaban aferradas a sus tiernos muslos, hasta que ella con un gesto de ceja y meñique levantado, me retiro las manos.

- Creo que esta un poco estresado. – dijo con evidente desprecio. – Me va a cortar la circulación.

Retire mis manos con mi habitual velocidad felina, pensando en los 2 últimos años en que no había saciado mis bajos instintos. Ella prosiguió como una ametralladora:

- ¿Y que haces tu aquí?, ¿Qué andabas buscando?

Su rostro angelical me impulso a contarle la verdad ineludible:

- Todo este encuentro fue producto de la “causalidad”. Soy un detective independiente adscrito a la policía y estaba persiguiendo al sospechoso de un caso hasta aquí.

Por un instante recordé que el motivo de estar allí era Santiago Luciferal, con lo cual le hice un ademán a la preciosa asistente para que se levantara:

- Sígame y no haga ruido, yo la sacare de este basurero. Hay que andar con cuidado pues estos tipos son muy peligrosos…

- Si y bastante escandalosos. Durante todas las noches que pase en este “hotel” parecía como si hubiese una orgía gigantesca, como una gran celebración…

Logramos salir a uno de los pasillos principales y con la agilidad de un chimpancé bajo los efectos del MDMA, localice las escaleras que iban al sótano. Repentinamente, a medida que avanzábamos por el amplio pasillo, empezamos a escuchar un murmullo que rápidamente se convirtió en un escándalo proveniente de los pisos superiores, justo del sitio donde se encontraba el salón de convenciones principal. Sin pensarlo, me desvié hacia las escaleras que subían hacia la oscuridad.

- Coño, no aguanto la curiosidad. Tengo que ver que provoca ese ruido…- Murmure.
En el próximo capitulo: El poder de la economía informal (Cap. #7)

martes 12 de febrero de 2008

La confrontación arcoiris (Cap. #5)


No me cabía la menor duda; la organización tenía una indudable conexión con el brutal asesinato de Petare. Ahora solo me quedaba averiguar que había motivado tan infame homicidio y los oscuros detalles que gravitaban sobre tan desagradable situación. Estaba seguro que si indagaba un poco más, le daría solución al teorema de Fermat.
No había salido de mi trance hipnótico, viendo la fotografía de la desdichada a aspirante a miss, cuando Santiago Luciferal casi me vomito con una pregunta como el Rayo del Catatumbo* :

- ¿Qué está buscando aquí, mamarracho? – lo dijo con voz de vieja menopáusica que no se ha tomado sus pastillas de hormonas.

- ¡Ah!, ¿Qué dijiste? – respondí distraídamente.

En ese instante sus ojos se convirtieron en una marea roja ante mi confianzuda manera de responderle:

- Le pregunte: ¿Qué carajos está buscando usted aquí?

- Solo quería saber si ustedes conocían a Maribarbola Lugo. – lo dije con un tono exageradamente corporativo.

- ¿Para qué quiere saberlo?

- Es solo una cuestión profesional. Soy de la revista Cosmopolita y queremos hacerle una entrevista a Maribarbola para saber su punto de vista acerca de los condones femeninos.

La mentira fue tan convincente que logre momentáneamente calmar la situación que ya empezaba a ponerse muy tensa:

- ¡Ah!, ¿usted es de Cosmopolita? – pregunto entornando los ojos hacia el techo en una actitud pensativa. Pero rápidamente reacciono como un orangután en celo y empezó a pegar gritos histéricos llamando a sus gorilas:

- ¡Teleférico!, ¡Paledonio!

Las mujeres, los fotógrafos, los asistentes amanerados y hasta los doctores, al escuchar la voz de su maestro y mentor, voltearon todos hacia donde estábamos, produciéndose un silencio aterrador los primeros 5 segundos.
La vaina se puso peluda cuando repentinamente una de las chicas (rubia platinada llena de pecas) emitió un grito desgarrador señalando que había un infiltrado en el recinto de la belleza Venezolana. Un escalofrió me recorrió desde el neocortex hasta el músculo pubococigeo, al ver como se acercaban con una mirada de odio indescriptible en sus rostros.
En ese instante los 2 supuestos “guardias” aparecieron por un flanco en una actitud claramente hostil. Por un segundo sus rostros con las cejas depiladas y con brillo de durazno en los labios me parecieron conocidos, pero antes de que pudiera adoptar mi clásica posición de jiujitsu, las dos mariquitas me agarraron por la pechera y me dieron un soberano cachetón combinado con una patada en el pecho que me lanzo contra un estante lleno de productos cosméticos.
Cuando logre incorporarme lleno de talco y escarcha, un grupo de chicas “sintéticas” me rodearon sujetándome con sus grandes pechos, los cuales habían salido a relucir en top-less ante el alboroto de agarrones y arañazos que en la situación cabía esperarse. Mis fuerzas empezaron a mermar ante tan fetichista forcejeo, cuando en fracciones de segundo, 4 musculocas salieron intempestivamente de otra habitación.
Allí me di cuenta que no tenía otra opción: invoque el Espíritu del Indio Montaña Manitú y pegue un brinco sobrenatural que me coloco en la puerta de la entrada. Tropecé con varias chicas que estaban llenando la planilla de preselección y corrí como un carterista en plena Av. Baralt, hacia las escaleras de emergencia. Una vez abajo, con un sostén en la cabeza y múltiples pestañas postizas clavadas en el cuello, fue cuando verdaderamente me sentí seguro.

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El comisario Rausseo me estaba esperando en el restaurante que quedaba diagonal a la entrada de la universidad. Al entrar, sentí un fuerte olor a marihuana que logro calmar temporalmente el estado de clímax adrenalitico en el cual me encontraba. Al fondo, divise unos PM que jibareaban cocaína con unos malandros y en la mesa de al lado (por supuesto haciéndose el loco) logre ubicar a mi jefe. Al ver el estado de mi ropa hecha jirones, se levanto sobresaltado de la mesa:

- ¡Coño de la madre!, ¿Qué te paso?

- Casi me matan las “locas” jefe. Siéntese y pídame un tercio

Le hice un breve resumen de lo ocurrido y de las sospechas que tenia sobre el caso:

- Ayer en la noche me di cuenta que esa mujer no se suicido, simplemente fue asesinada. Las evidencias que recolecte hablan por si solas.

- No es posible. – me interrumpió

- Estoy completamente seguro. – lo dije con vehemencia

- Bueno, ahora sí que estamos fregados. – lo dijo con cara de desesperación.

- ¿Y qué sucede ahora?

- Fíjate que en el laboratorio descubrieron que Maribarbola había muerto una semana antes

- ¡No puede ser! – abriendo mi implante ocular desmesuradamente.

- Y eso no es lo grave. – inquirió el viejo policía.

- ¡Que!, ¿hay más?

- Lo peor era que la jeva no tenía sus implantes mamarios de silicone y además, según el médico forense, este el decimotercer caso que les llega en este mes.

Era evidente que no estaba ante un caso de simple homicidio sino algo mucho más truculento. Me quede pensativo viendo a través del muro de enredaderas que adornaba el local cuando aviste a Santiago Luciferal y las 2 musculocas saliendo de la ciudad universitaria.

- ¡Allá va jefe! – le grite al viejo detective.- ¡Es el presidente de la S.S.S. y sus esbirros!

- ¡Entonces vamos a seguirlos! – gruño el cansado sabueso

Apuramos los tercios y disimuladamente nos fuimos del local sin pagar, detrás de los enigmáticos personajes. Desafortunadamente, paso algo de lo que no nos percatamos: detrás de la barra, el barman nos observaba con unos mini-binoculares, los puso al lado de la Gaceta Hípica y rápidamente marco un numero en su teléfono celular.

En el próximo capítulo: Una compañía impredecible (Cap. #6)

martes 5 de febrero de 2008

La SSS (Cap. # 4)



La sede principal de la S.S.S. era algo realmente alucinante: decenas de mujeres vistiendo diminutas faldas, top*s, bikinis y además luciendo ampulosas cabelleras de múltiples colores, hicieron que mi implante ocular tuviese una pequeña fluctuación estática, lo que obligo quitarme las gafas oscuras provocando una mueca de asco en un grupo de voluptuosas damas que se encontraban en la entrada del salón.

La decoración era extremadamente digna del “mejor” estilo neoclásico tardío Norteamericano-Maracucho, lleno con alfombras de piel de tigre hindú, columnas etruscas y revoques coronados de volutas pintadas en rosado. En el centro de la estancia, una estatua con forma de ninfa derramaba un liquido azul, que al caer sobre una tina, despedía una especie de neblina que hacia mas glamorosa la tétrica situación en la que me encontraba.

Con mi habitual habilidad felina logre darle un vistazo relámpago a todo el espacio principal y pude notar como hacia mi izquierda un grupo de mujeres eran cuidadosamente pesadas, medidas y tabuladas, para después ser pasadas a un vestidor donde se les exigía que se colocaran un bikini donde finalmente eran fotografiadas.

Una vez completado el ciclo, un doctor con cara sádico de La Hoyada, se dedicaba a llenar un papel de lo que parecía un reporte medico, para asegurarse de que las “niñas” (como se les llamaba en ese lugar tan lleno de falsas e hipócritas aptitudes) estuvieran en una inmejorable condición física.

Por un instante quede hipnotizado, no solo por la rapidez del proceso, sino también (gracias a mi visión de 180* grados) de la cantidad de fotografías que poblaban las paredes de todo el habitáculo de la nefasta organización. Entre esas imágenes, pude observar una multitud de rostros que ahora eran famosos por ser cotizadas “artistas” de telenovelas, “locutoras” de escabrosos programas de radio o simplemente millonarias prostitutas de la Internet. Para mi sorpresa, logre divisar el rostro de la que era nuestra actual presidenta del país, por supuesto 20 años mas joven. Estaba cavilando acerca de la ineptitud de los hombres en este país para retener el poder político cuando sentí repentinamente una fuerte respiración en mi espalda.

Al girar, un rostro de pómulos altos y huesudos maquillados con polvo rosado, bajo una mirada de color verde-poceta, hizo que me estremeciera, dando paso a un duelo de miradas que se prolongo por 10 segundos. Sus manos familiarmente esqueléticas y sus uñas decoradas con pintura acrílica para carros, me hicieron recordar imágenes y situaciones que nunca antes había visto en mi mente, hechos horrorosos arropados bajo el manto de la oscuridad eterna, demonios sepultados en la noche de los tiempos. Definitivamente pude deducir que estaba ante Santiago Luciferal.

Este personaje se había erigido como el “Rey de la Belleza” después de conocerse la muerte de Osmel Sousa tras ingerir en el desayuno un sándwich de ricota aderezado “accidentalmente” con Rakumin,o por lo menos eso era lo que decían los diarios sensacionalistas. La dosis había sido tan bien administrada que la policía no consiguió reunir pruebas acerca del supuesto asesinato. El caso fue archivado como una muerte por alergia a los “lácteos”, a pesar de conocerse la afición casi obsesiva del finado Midas de la moda por este tipo de productos alimenticios.


- ¿Qué hace usted aquí? - pregunto Santiago Luciferal conteniendo la arrechera típica de las “locas” cuando son sorprendidas en su intimidad sin previo aviso.

En el momento que intente hacer un gesto amanerado para despistar mis verdaderas intenciones, mis ojos (a través de los múltiples espejos) observaron la fotografía de la muerta de Petare en un rincón de la estancia. Sin dejar que el maléfico hombre reaccionara, le lance la pregunta si anestesia:

- ¿Conoce usted a Maribarbola Lugo? – lo dije con un supremo acento de travestí de la Av. Libertador.

La pregunta se clavo en su estomago como un puñetazo y pude ver como sus ojos centellaron con una furia ancestral, una furia que parecía provenir del mas allá…

En el próximo capitulo: La confrontación arcoiris (Cap. # 5)

martes 29 de enero de 2008

Contacto. (Cap.# 3)


El taxi corría velozmente a través de la moderna y ya vencida autopista, construida bajo el régimen de un militar que gozo sus días también en modernas casas, bajo un sol tropical siempre revitalizante. Al llegar a la entrada del clínico, otrora Hospital Universitario, los vigilantes internos de la universidad no dejaron pasar al taxista porque esté no tenia la calcomanía de acceso al recinto. Esta situación genero una discusión que se convirtió en una atajaperro entre los Guachimanes y el asustado conductor, momento que aproveche para escurrirme del sitio, internándome en unos matorrales aledaños a la facultad de farmacia. Al saberse de mi fuga, los vigilantes echaron unos tiros a pegarme pero ya la distancia entre ellos y yo estaba mas que salvada.

La ciudad universitaria se había erigido como uno de los iconos de la Modernidad arquitectónica a través de un no menos vivaz arquitecto, que siempre tuvo la “casualidad” de estar en los momentos en que se requirieron sus diseños; diseños traídos en paquetes y puestos en funcionamiento por un aparataje burocrático-militar para reafirmar su monumentalidad en el uso ó abuso del poder.

Bajo el cómplice techo de nubes, que esa noche amparaba a tantas parejas realizando impúdicos actos sexuales en el campus universitario, localicé el edificio en donde sabia que funcionaba la nefasta y oscura organización. Subí al piso 7 por las escaleras, ocultándome de varios vigilantes que ante la alerta de que un loco estaba suelto habían redoblado el patrullaje, hasta que logre llegar a un ancho pasillo con una no muy buena iluminación. Fui revisando cada una de las puertas y cuando ya casi temía haberme equivocado de piso, logre divisar el símbolo de la serpiente enrocada sobre si misma, tal impresión de una ofidio comiéndose a si mismo hizo que mi estomago crujiera de hambre, y antes que el ruido de mis tripas me delatara, pensé que después de tanta acción, no tenia nada mas que buscar por el resto de la noche. Así que decidí venir por la mañana y buscar a los responsables de tan bajos crímenes. Debía saber quienes realmente eran aquellos maestros del horror...

El despertador no sonó a la hora señalada pues esa noche se había ido la luz y por supuesto, después de lo ocurrido + el cansancio, no tuve tiempo de percatarme de ese detalle. Pero lo que si me despertó fue el timbre del clásico teléfono de ruedita, el cual nunca lo había podido cambiar por lo modernos videófonos, gracias a que la compañía telefónica KANTV se hacia la vista gorda ante las peticiones de los ciudadanos que no eran económicamente solventes. Además, cuando finalmente decidían instalarlo, los empleados encargados para tal fin siempre pedían un pequeño “aguinaldo” en efectivo.

En fracciones de segundo, salte como un cunaguaro, de la cama al viejo aparato y pude escuchar la voz del comisario Rausseo:

- Necesito que vengas a la delegación, flojo de mierda. Son las 11 de la mañana y se te paga para que estés aquí a las 7. ¿Qué carajos estuviste haciendo anoche?


- No sea pendejo, que usted no me paga de su bolsillo. Además, anoche recogí datos claves para el caso y lo mejor será que nos veamos a las 3 pm en “Las Americas”

Colgué de manera furiosa y pude sentir como del otro lado de la línea, el comisario se mordía la cola de la arrechera. Me desnude y ajuste la cápsula de limpieza para darme un baño micro vaporizado. Al sentir las pequeñas gotas relajantes sobre mi maltrecho cuerpo, pensé: ¿Qué ser tan depravado y maléfico tendría una organización en medio de un recinto universitario?, sobretodo porque era un lugar del cual nadie sospecharía, ¿Qué motivaba aquellos crímenes...?

La ración de 5 min. de agua se corto bruscamente en la mitad de mis mas profundos pensamientos y solo logre maldecir la sobrepoblación de Caracas, que para ese momento alcanzaba las 20 millones de personas. Al salir a la calle, el calor hacia estragos entre los miles de buhoneros que cubrían toda la acera, haciendo que las personas caminaran por la calle y los carros por encima de los desafortunados transeúntes.

Di varios saltos felinos entre un perrocalentero, un vendedor de raspados y un indiecito que ofrecía calcetines a 10 x 5000 Bs., todos apiñados en los 2 mts. cuadrados de la pequeña entrada del edificio “pastiche” donde residía. Tome el Metro en su peor hora del día y, después de ver una docena de arrebatotes de teléfonos móviles y otra docena de agarrones de nalgas dentro del vagón, salte al andén de la estación Ciudad Universitaria. El ambiente universitario reinante a medida que avanzaba hacia la salida me tranquilizo, pero también me hizo pensar que todo seria por muy poco tiempo, pues estaba decidido a saber quien o quienes estaban detrás de aquellos crímenes...

Al salir de la estación, otro grupo de buhoneros ofrecía su mercancía de CDs piratas que iban desde música hasta programas informáticos, pasando por películas hasta reparación de computadoras. Acelere el paso pensando en los millones de dólares que la industria de la computación estaba perdiendo con estas ventas de discos “quemados” pero en el fondo sabia que se lo merecían. Crucé el arco parabólico que demarcaba el paso de autos-peatones y disfruté del espectáculo que ofrecían las miles de jóvenes mujeres que a esa hora transitaban por la universidad. Convenientemente, me había dispuesto sendos bigotes de pelo e’chivo color castaño oscuro, por si acaso algún vigilante trasnochado de la noche anterior pudiese reconocerme y me encamine hacia el desteñido edificio rojo donde residía la funesta organización.

Al llegar a la planta acceso, note que había una cola descomunal y los mas extraño era que esta se componía casi toda de mujeres bellamente ataviadas, salvo por la cara de algún empleado administrativo o alguna señora de limpieza. Haciéndome el loco, hice un recorrido por la cola para ver si conocía a alguien y por causalidad, encontré a una antigua compañera, de mi época de estudiante de arquitectura, que le decían Mina. Enseguida logre colearme.

- Mina, años sin verte. ¿Qué haces aquí?

- Hola, buscando trabajo, ¿y tú?

Pensé rápido...

- También vine por el trabajo

- Pero si es un casting solo para mujeres

Rápidamente algo me dijo que esto estaba relacionado con la organización...

- Yo voy al piso 9

- ¡Ah, no chico!, tu debes ir por lo de la biblioteca, ¿no es así? Yo vine para la selección de las chicas que irán al Miss Venezuela. Hoy se esta realizando una selección a nivel nacional para elegir a las 21 participantes...

En ese momento se abrió el único ascensor que funcionaba desde hace 20 años y logre entrar dejando un tumulto agolpado en la puerta. La pobre Mina se quedo asombrada ante mi salto y no me quedo más que darle un resignado saludo mientras se cerraba el ascensor. Una vez arriba, la puerta se abrió y salí despedido como un corcho directo al pasillo donde el calor era peor y la multitud más grande. Logre abrirme paso hasta la oficina y sin mediar palabra, me volví a colear entre los murmullos de desaprobación de las chicas que estaban mas cerca de la puerta. Lo que sucedía aquí era algo realmente increíble...

En el próximo capitulo: La S.S.S. (Cap. #4)

La 1ª pista. (Cap.# 2)


El cadáver yacía en el piso a mi izquierda... y a mi derecha una de las viejas chismosas estaba montada sobre una mesita al lado de la cama matrimonial que quizás, como empezaba a sospechar, había sido testigo de muchas noches y días de lujuriosos, placeres carnales que se evaporaron bajo la mirada complaciente de una replica kitsch de “Los Borrachos” (Velásquez)

Mi primera reacción fue reclamarle a la vieja que demonios hacia revisando las gavetas de la mesita, cuando al instante me di cuenta que el cadáver hacia unos ligeros movimientos llegando a pensar que se trataba de los efectos del rigor mortis. Pero una vez mas la sorpresa, con sus múltiples y desconcertantes caminos, me llevo a ponerme en guardia. Haciendo gala de mi mas osado valor, levante un poco el cadáver y en fracciones de segundos, una serpiente de color amarillento intento clavar sus feroces dientecillos en mi antebrazo. Con uno de mis movimientos felinos logre evadirla dando paso a un duelo que se prolongo por espacio de 5 min. Claro esta, que entre los gritos de la vieja implorando que la matara y la gallera que se había formado entre los funcionarios, cada uno haciendo apuestas con billete en mano, logre sujetarla por la cabeza y aplicarle un toque con el dedo pulgar en la base del cráneo, dejando sin movimientos al reptil perfectamente entrenado.

Tome un frasco de Jean-Naté, vacié el contenido en la alfombra e introduje al peligroso animal, esperando que el efecto del pachulí hiciese mas prolongado su letargo. Entre las maldiciones de los perdedores y el fuerte olor de la fragancia añeja, observe que aquel ofidio era una “Tigra Mariposa” (Bothrops venezuelensis) conocida por su potente veneno y por sus recurrentes apariciones en el Avila. ¿Qué clase de sádico impotente había introducido una serpiente por el ano de aquella infortunada mujer?, ¿era aquello una pista que el asesino dejo deliberadamente?, ¿Qué oscuros y herméticos planes maniobraron para cometer tan infame crimen?

Se inició en mi aquel antiguo proceso de relacionar los hechos y de enlazar las primeras imágenes que venían a mi confusa y destrozada mente, cuando sentí un manotazo en la espalda que me saco de mis tribulaciones. Era el hijo de puta comisario que reía con sus asquerosos dientes amarillentos producto de tanto mascar chímo.

- Bien hecho, muchacho

- Gracias jefe

Con asombrosa rapidez, coloque en una bolsa de evidencias el guante con la sangre, el falo plástico y la serpiente. Luego, espere un descuido del comisario y le introduje la bolsa en uno de los bolsillos de su gabardina, con una nota de las experticias que se le debían practicar a cada uno de los extraños objetos.

Salí de la habitación pensativo, tropezando con los forenses, policías asomados que no tenían acción esa noche y habían escuchado el llamado, vecinos en pijamas y toda clase de rostros sin expresiones que mi cerebro confuso y aturdido podía llegar a percibir. Revise los bolsillos de mi chaqueta y saque un paquete de cigarrillos Piel Roja, lo encendí con parsimonia constatando que una nube de zancudos se disperso ante el desagradable olor que produjo el tabaco negro. En un segundo, esquive un manotazo con un ligero movimiento de cadera.

- Solo una vez, jefe. Solo una vez…

La situación provoco la risa de algunos presentes y el comisario tratando de contener su odio, me pregunto si lo podía acompañar a la sede principal de la policía.

- No, jefe. Debo caminar un rato, ha sido una noche muy larga y pesada. Quiero descansar un poco mis pensamientos

Con un movimiento elástico, me dirigí al pasillo y tome el ascensor. En la entrada, como vaina rara, el vigilante yacía babeado boca arriba en su silla y con la escopeta en una situación peligrosa. El aire de la noche refrescó mis pulmones con ese olor típico a lluvia y emprendí la caminata hasta el Metro. Al llegar, la estación estaba cerrada porque se había inundado por el palo de agua, maldije las momias de Palenque y entonces decidí caminar hasta la Redoma de Petare.

Entre calles mal iluminadas, jíbaros y adolescentes prostituyéndose, pensaba: ¿Qué significado tendría esa serpiente?, ¿Qué ritos diabólicos estarían motivados por ese extraño fetiche?

¡Que imbecil era!, la serpiente que había encontrado era el símbolo de una muy peculiar organización conocida como la S.S.S. (La sociedad de la serpiente Sagrada) y su sede estaba ubicada en una de las universidades más prestigiosas del país: La U.C.V. (Universidad central de Venezuela), ocultándose detrás de la fachada de grupo cultural dancístico-musical.

Corrí los 600 mts. que me separaban de la estación subterránea bajo una lluvia de golpes, escupitajos y zancadillas que los buhoneros me propinaban pensando que era uno de tantos arrebatadores de carteras que pululaban en la zona. Después de varias caídas, gritos de: ¡agarrrenlo! y palazos en el cráneo, me zambullí por la ventanilla del primer taxi que logre divisar. El pobre conductor al ver la turba de vendedores ambulantes enardecidos y la cacha de mi automática asomándose por la chaqueta, solo se limito a arrancar de manera furiosa por la Av. Francisco de Miranda.

Pasado el susto, le dije que se calmara pues era funcionario policial, pero por la forma como pelo los ojos, asumí que eso, solo hizo que se pusiera más nervioso. Le indique la dirección y me acomode en el mullido asiento, tratando de hilvanar que relación podía tener esa sociedad secreta con la muerte de la infortunada meretriz

En el próximo capitulo (#3): Contacto

La sospechosa muerte de Maribarbola Lugo. (Cap.# 1)


¿Cómo se había producido la muerte de Maribarbola Lugo?, ¿era posible que una muchacha tan joven y bella hubiera terminado su vida de la manera tan cruel y desventajosa como lo hizo?, ¿era acaso una vuelta en el tiempo (20 años atrás) del mismo crimen?
El teléfono celular sonó con su acostumbrado timbre ingles preprogramado en una noche cerrada bajo nubes que desprendían una acostumbrada lluvia torrencial, llena de múltiples relámpagos nunca vistos sobre la ciudad de Caracas. Tome el teléfono y pude ver el numero del comisario Rausseo. Atendí:

- Tenemos un cadáver. La dirección es…

Apunte los datos y salí de inmediato hacia el metro. En el trayecto desde mi pequeño y minúsculo apartamento hasta la estación subterránea tropecé con 15 recogelatas, 7 mujeres embarazas mendigando para poder comer o fumar crack y 3 niños “engomados” revolcándose por los efectos de la pega Hércules para zapatos. Al ingresar al subterráneo me di cuenta que no tenia boleto, cosa que era común en mi situación económica, lo cual hacia que tuviera que trabajar como buhonero en la Av. Ppl. del Cementerio para poder sobrevivir. Saque mi placa, cruce el torniquete y me abrí paso entre la gente hacia un destino que empezaba a enturbiarse, como si grandes fuerzas del averno hubiesen sido desatadas con una furia sobrenatural…

Al salir de la estación Palo Verde, un par de choros intentaron arrebatarme el celular y haciendo dominio de mis reflejos, logre esquivarlos para meterle el pie a uno de ellos que cayo estrepitosamente mientras le mentaba la madre y al mismo tiempo reírme de su ropa de marca toda mojada. Camine 10 min. Hacia un edificio verde de 20 pisos, esos que los arquitectos llaman “vivienda barata en un lugar privilegiado de Caracas” y pude observar que realmente había que tener un privilegio porque tuve que darle todo el sencillo a varios malandros cobradores de peaje apostados en la cercanía de la urbanización. Una vez franqueada la puerta del edificio, el comisario Rausseo me esperaba con su habitual impaciencia.

- El cadáver presenta circunstancias especiales. – dijo.
Me pregunte a que llamaba él “circunstancias especiales”. El comisario sabia que yo era su mejor hombre y por eso, siempre que podía, le hacia desplantes ante los demás funcionarios. Me reí de manera irónica y pude notar que el comisario ya no era aquel joven audaz de las fotos de su escritorio. Quizás el consumo de altas dosis de cocaína y la pepas de Rivotril que solía engullir con su café, lo habían convertido en un muñeco que saltaba de la lucidez histriónica al mas bajo estado mental en el cual solía babearse, mientras su mirada vidriosa, quizás recordaba viejos momentos.

Le di un manotazo en la espalda y tuve la certeza de que quiso devolverme el golpe en la nariz pero se dio cuenta de que tenía 10 min. viendo el cadáver, así como no tenia idea de cómo habíamos subido hasta el PH, ni que teníamos 3 vecinas (típicas viejas chismosas jubiladas de algún ente publico del gobierno) cotorreando sobre su vecina suicida, ni que en la escena del crimen habían unos extraños indicios…

Me acerque al cadáver y me situé a 2 pasos de la victima, me quite las gafas oscuras (a pesar que era de noche debía usarlas para evitar que las personas pusieran cara de desagrado ante mi implante ocular que consistía en una pequeña caja negra 2x2x2 cm. contentiva de un lente color azul brillante) y pude detallar que era una mujer muy hermosa a pesar de tener la boca abierta sangrando, a la cual le faltaban los 2 caninos superiores, arrancados quizás en vida; 2 cortes circulares en los senos y una herida que consistía en 3 diagonales como si la garra de un animal hubiese destripado el abdomen de la infortunada mujer. El cuerpo en general yacía crucificado en la pared del cuarto principal y en su vagina habían insertado un consolador de plástico barato. ¿Qué había sucedido aquí? La respuesta era evidente, esto era un cruel y alucinante asesinato. Claro que el comisario Rausseo pensaba (o eso creía su cerebro agotado de estimulantes) de que todo había sido un suicidio.

Orgulloso me mostró una nota encontrada en la cama de la difunta, en la cual se aclaraba que había decidido suicidarse porque los hombres no la complacían eficazmente. Le arrebate el papel de manera agresiva y los ojos del comisario centellaron con furia, pero se tranquilizo al constatar que no lo hice esta vez por provocar, sino por un ansia natural en mi de perro sabueso, loco por saber mas… Aquello parecía corroborar que todo era una añagaza para tratar de despistarnos

- ¿Crees que fue un suicidio? – pregunto el comisario.

Un frío recorrió mis testículos y fui yo quien lo miro directo a los ojos con mi implante, de manera furiosa y criminal. El comisario bajo la mirada y ordeno con voz ronca que levantaran el cadáver.

- Será que lo bajen. – replique con sonrisa sardónica.

El comisario salió de la habitación, en un esfuerzo supremo por no darme una bofetada, se saco los guantes quirúrgicos y los lanzo al piso con evidente desprecio hacia mí. Tome uno de esos guantes y los llene con un poco de sangre de la victima, amarrándolo con una liga de hallaquita, (la cual guarde en uno de mis bolsillos antes de salir de mi apartamento para poder cenar) y me di cuenta que la noche iba a ser muy larga…

Al salir de la habitación, el comisario interrogaba a una de las 3 vecinas.

- Esa muchacha era muy tranquila. Estaba todo el día en su casa excepto los fines de semana que salía, y no volvía hasta el lunes. Era muy visitada sobre todo por hombres. Lo que no me explico era que siendo tan de origen humilde; sus padres, hermanos tíos y primos vivían en Petare, podía tener un PH tan lujoso.

- ¿Dice usted que no venia en todo el fin de semana? - Interrogo el comisario.

- Si, y era extraño porque siempre llegaba con cara de trasnocho como la que tienen los vigilantes del edificio…

En ese momento, un grito desgarrador rompió con el murmullo que reinaba en toda la estancia. El sonoro aviso provenía de la habitación principal y, como lanzado por un resorte, fui el primero en ver lo que sucedía. Realmente no fue muy agradable lo que alcance a mirar…

En el próximo capitulo (#2): La 1ª pista